Hay ejemplos de vida a los que quizá no damos la debida importancia en el momento: ensalzamos su épica y, sin embargo, obviamos lo más importante, el desafío humano que hay detrás.
Hoy, los vellos se me han puesto como escarpias al conocer el fallecimiento de Alex Zanardi, todavía joven, sin llegar a los 60. Y es en ese momento cuando los logros deportivos dejan de tener importancia ante su mejor victoria, la victoria de la vida.
Una vida que le quisieron arrebatar varias veces. Sobre todo en Lausitzring, un circuito alemán, un gran anillo de velocidad en Europa, que ha sido fatal para los deportistas italianos. Allí perdió la vida Michele Alboreto rodando con un Audi de resistencia. Fue allí donde Alex Zanardi perdió sus dos piernas; donde inició un largo y doloroso camino para la recuperación. Rendirse, postrarse, resignarse –lo que todos hubieran entendido y comprendido compasivamente– era un concepto que no existía en su mente, que no formaba parte ni de su diccionario ni de su ideario.
Todo lo contrario. Lo afrontó como un nuevo reto, como un nuevo desafío. La vida no iba a derrotarle. Iba a echarle un nuevo pulso, con su espíritu más competitivo. Volvió a correr. Lo hizo en turismos, porque debía ser un coche adaptado a sus nuevas necesidades. Se pasó a las competiciones de 'handbike', bicicletas de tres ruedas en las que los pedales se accionan con las manos. Y fue la estrella a batir en cualquier competición, ganando no sólo mundiales, sino también cuatro oros olímpicos y la maratón de Nueva York.
Hará pronto 23 años que Alex logró su mejor victoria. Fue en septiembre de 2003, dos años después de aquel accidente. Volvió a Lausitzring con un IndyCar adaptado por el equipo de Chip Ganassi. Lo hizo para completar las 13 vueltas que le faltaron para concluir aquella carrera en la que perdió sus dos piernas justo debajo de la rodilla y que le obligó a someterse a una durísima rehabilitación. ¡Fue su venganza!
Y también quiso despedirse de la F1. Fue en Valencia, a finales de noviembre. BMW, para quien había corrido en turismos tras su gravísimo accidente, le preparó un F1 adaptado. Y Alex volvió a ser, por un par de días, piloto de F1. "Aún siento el fuego en mí. La F1 es velocidad y quería ver cómo ha cambiado todo desde 1999, cuando corrí con estos coches", dijo entonces.
Todo se quebró en junio de 2020, en un accidente en una carrera-exhibicion de handbike, en la que perdió el control y chocó con un camión. Pasó casi seis meses en coma, con varias intervenciones a causa de complicaciones, antes de volver a casa en diciembre de 2021. Su vida pública había acabado; desde entonces, un discreto silencio. Pero su batalla por la vida, la pasión con la que se enfrentó a todos los retos, deben servirnos de ejemplo. Sus logros deportivos son minucia respecto a su victoria humana.
No, rendirse no es una opción.
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