viernes, 1 de mayo de 2026

A.F1-CONMEMORACION: Imola 1994, la noche que Ayrton Senna intuyó que iba a morir.

El 1 de mayo se conmemoran 32 años del mortal accidente de Ayrton Senna en Imola.

Una fecha de luto para todos los amantes de la F1, que recuerdan a un piloto que traspasó cualquier límite para convertirse en piloto de culto y son legión los que lo consideran no sólo el mejor de todos los tiempos sino alguien insustituible.

Posiblemente será un día especial para Adrian Newey, el hombre que diseñó el Williams FW16 Renault. Newey y todo el equipo Williams fue exonerado de cualquier culpabilidad en el accidente. Los jueces italianos, muchos años después, entendieron que algunas veces también se muere en las carreras.

Mucho hemos escrito sobre aquel accidente mortal coincidiendo con el aniversario. Lo hicimos por ejemplo cuando se cumplieron 30 años del fallecimiento del mito. O el pasado año, recordando su huella imborrable. Incluso hace unos días evocamos las conversaciones entre Jean Todt y Ayrton para que el brasileño recalara en Ferrari, algo que en su día se dijo estaba casi hecho. Tan importante es su huella que cuando llega un ‘campeón naciente’ a la F1, como es el caso de Kimi Antonelli, se le compara con Senna. Aquel 1 de mayo marcó un antes y después en la seguridad de las competiciones. En Mónaco, semanas después, ya se notaron cambios y sobre todo hubo más en Barcelona. Fue el ‘pistoletazo de salida’ de la carrera de la FIA y la F1 por mejorar la seguridad de la categoría. Una carrera que no acaba ni acabará nunca, que es mejora continua, que no se detiene nunca y en la que el abandono no es una opción.

Pero ese movimiento comenzó el día anterior, el 30 de abril, cuando Senna se mostró conmocionado por el mortal accidente de Roland Ratzenberger a los mandos de un Simtek, un coche muy poco competitivo, diseñado por Nick Wirth que debía ser el F1 español Bravo, que debía pilotar Jordi Gené y cuyo proyecto colapsó. Ratzenberger es el 'gran olvidado' de aquel fin de semana. Buen piloto de resistencia, era un ‘rookie’ en la F1. No se clasificó para el primer GP, fue 11º en el segundo de la temporada y en este habría logrado plaza en la parrilla con el tiempo que logró antes de sufrir el mortal accidente.

Roland dañó su alerón delantero al salirse de la curva en la chicane Acqua Minerale, pero decidió continuar, una decisión que fue la causa final de su accidente: al acercarse a la curva Villeneuve, el alerón se rompió y quedó debajo del coche. Incapaz de girar, su coche se estrelló contra el muro a 315 kilómetros/hora. El impacto fue terrible, posiblemente mortal instantáneamente. Pese a ello fue trasladado en helicóptero al hospital, tras recibir reanimación cardiopulmonar, donde fue declarado muerto. Mientras, algunos pilotos volvieron a la pista para intentar mejorar sus cronos de clasificación.

Senna quedó consternado, estalló en lágrimas sobre el hombro de Sid Watkins, el médico de la FIA con quien le unía una gran amistad. Watkins confesó que aquella noche Senna estaba sombrío, habló como si tuviera una premonición. Le dijo a su novia, Adriane Galisteu, por teléfono que no quería correr, que sentía algo. Se cruzó con su rival irreconciliable, Alain Prost –entonces comentarista de TV– y le dijo "vuelve, te necesito". Y visitó el lugar donde Ratzenberger había impactado contra el rail.

Senna tomó la bandera que en su día blandió Jackie Stewart, pidió más seguridad, pidió acciones específicas. Se reunió con Schumacher, Alboreto, Berger y Lehto para hablar de seguridad. La noche anterior había hablado con Lauda y le pidió que liderara, junto a Alain Prost, una cruzada en pro de la seguridad.

Y ese 30 de abril por la noche encontró tiempo para escribir un artículo de opinión o editorial, para 'Welt am Sontag': "La confirmación trágica de mis advertencias".

Y advertencias hubo muchas en Imola. El viernes, un grave accidente de Rubens Barrichello que voló en la Variante Baja. Y en la salida de la carrera, el accidente entre Pedro Lamy y J.J. Lehto; coches destrozados y cuatro espectadores heridos. Y en carrera, la pérdida de una rueda del coche de Alboreto que causó lesiones a cuatro mecánicos, tres de Ferrari y uno de Lotus.

No estuve en Imola aquel fin de semana, el domingo por la tarde volaba a Silverstone siguiendo a Jordi Gené en la primera carrera de la temporada de F3000 y a Pedro de la Rosa, Marc Gené e Iván Arias que corrían en F3; una carrera disputada el lunes, festivo en Gran Bretaña. Lo vi por TV y desde el primer momento ‘supe’ que había fallecido. La posición de la cabeza me lo decía todo… aunque por televisión no lo decían.

Y antes de tomar el avión escribí lo que llamábamos ‘un billete’, un pequeño comentario de opinión: 'Una tragedia anunciada'. "Ocho años sin un accidente mortal nos habían hecho creer que las cotas de peligro de la F1 habían quedado reducidas al mínimo. Ha bastado un GP para despertar violentamente. El peligro no sólo sigue latente, sino que es cada vez mayor", para concluir "no se trata de hacer circuitos más seguros sino coches más humanos… dar al piloto esas centésimas que le permiten reaccionar".

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