jueves, 2 de abril de 2026

A.F1-POLEMICA: Se insta a la F1 a cambiar la normativa: entre la reducción eléctrica y el uso de la aerodinámica activa.

El Circo debe recuperar su identidad y credibilidad tras los desastres de las tres primeras carreras.

La Fórmula se prepara para vivir uno de los momentos más delicados de su historia reciente . El 9 de abril se celebrará una cumbre en Londres entre los máximos dirigentes del Circo, representantes de los equipos y fabricantes. Sobre la mesa no se tratarán simples ajustes, sino la definición misma de lo que debería ser un monoplaza en los próximos meses. El debate, que se ha intensificado durante meses, se ha acelerado tras los sucesos de Suzuka, centrando la atención en dos pilares ineludibles: la seguridad de los pilotos y la naturaleza de las sesiones de clasificación .

El accidente de Oliver Bearman durante el Gran Premio de Japón fue mucho más que un simple error de conducción o un accidente fatal. Fue una clara señal de una falla estructural en la normativa vigente. Cuando un coche acelerando a fondo se encuentra con una diferencia de velocidad superior a 50 km/h respecto al coche que le precede, el riesgo de tragedia se vuelve real. Bearman logró evitar un impacto directo con el Alpine de Franco Colapinto, pero su maniobra evasiva provocó que chocara lateralmente contra la barrera con una fuerza de 50 G. Este episodio ha convertido el debate sobre la gestión de la energía en una cuestión de urgencia inmediata.

La crisis de identidad y las posibles soluciones.

Los coches desaceleran drásticamente al final de las rectas largas porque han agotado su energía eléctrica. Este fenómeno, conocido como "recorte", no solo penaliza los tiempos por vuelta, sino que también destruye la imagen de la Fórmula 1 como la máxima expresión de velocidad. Ver a un piloto levantar el pie del acelerador antes de frenar en la clasificación es una paradoja que la FIA quiere y debe resolver a toda costa.

Hasta hace unas semanas, las propuestas se limitaban a cambios en la potencia de salida, planteando la hipótesis de una reducción de la potencia eléctrica de 350 a 250/200 kW para distribuir mejor la energía en todo el circuito. Las simulaciones han demostrado que este sería un ajuste marginal . El nuevo enfoque, en cambio, se centra en el límite de energía recuperable para cada vuelta. El límite actual está fijado en 9 megajulios, reducido a 8 en algunos circuitos como Suzuka, pero la propuesta que se debatirá en Londres plantea reducirlo a 6 megajulios para las sesiones de clasificación.

La idea es sencilla en su aplicación: al limitar la energía total, los coches alcanzarían la descarga máxima mucho más tarde, eliminando la necesidad de rodar por inercia al final de las rectas. De esta forma, la velocidad máxima se mantendría más constante, evitando las peligrosas diferencias de velocidad observadas en Suzuka. Esta solución, obviamente, presentaría una contradicción importante: menos energía eléctrica significa coches más lentos, con una pérdida estimada de entre dos, tres o cuatro segundos por vuelta.

Para compensar esta desaceleración, se ha propuesto aumentar el flujo de combustible , lo que permitiría al motor de combustión interna generar más potencia. Sin embargo, los fabricantes ya parecen haber puesto un obstáculo: las unidades de potencia de 2026 ya han sido diseñadas y finalizadas según parámetros muy estrictos. Aumentar el flujo ahora comprometería la fiabilidad y obligaría a los fabricantes a realizar rediseños costosos, una opción que difícilmente se materializará antes de 2027.

Aerodinámica activa: la nueva frontera del control

Es en este escenario de pérdida de sustentación donde la aerodinámica activa emerge como la pieza clave. Actualmente, los sistemas de gestión de incidencia de las alas se limitan a áreas muy específicas, generalmente líneas rectas donde las fuerzas laterales son nulas. El efecto de estos sistemas es enorme, reduciendo la resistencia aerodinámica entre un 25 % y un 40 %.

La propuesta, que se debatirá el 9 de abril, plantea la liberalización del uso de estos sistemas durante la clasificación . En lugar de contar con zonas predefinidas, como ocurría con el DRS, los pilotos podrían tener la libertad de decidir cuándo activar o desactivar la aerodinámica activa . Esto les permitiría recuperar la velocidad perdida por el corte eléctrico, reduciendo la resistencia aerodinámica en las secciones donde el motor de combustión interna sufre más.

Como suele ocurrir en la Fórmula 1, cada solución plantea nuevos desafíos. Si se permitiera la aerodinámica activa en curvas rápidas como la 130R de Suzuka, la diferencia entre un coche equilibrado y uno inestable sería abismal,  y la seguridad también se vería comprometida.

Quejas de los pilotos: un coro unánime a favor del cambio.

El descontento en el paddock es ahora palpable. Max Verstappen fue de los primeros en calificar los datos del simulador de "terribles", criticando duramente una Fórmula 1 que parece estar convirtiéndose en una competición de gestión de software en lugar de pilotaje puro. Lando Norris habló abiertamente de un "efecto yo-yo" que frustra cualquier intento de duelo, mientras que Carlos Sainz alertó sobre la seguridad, haciendo hincapié en que circuitos como Bakú o Las Vegas no perdonarían las diferencias de velocidad generadas por el recorte de carril.

La FIA se encuentra así en una encrucijada. Por un lado, existe la necesidad de cumplir las promesas de una Fórmula 1 más sostenible y tecnológicamente avanzada; por otro, la obligación de garantizar carreras seguras y un espectáculo que se mantenga fiel a sus orígenes. La cumbre de Londres deberá ofrecer respuestas concretas.

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