El viernes de Hungría dejó una pista sobre el trabajo realizado en el simulador

El mejor momento de Aston Martin llegó en los Libres 1. Fernando Alonso terminó decimotercero, pero el dato llamativo era que el AMR26 se comportó como el sexto coche en curva. Después, tanto los Libres 2 como los Libres 3 y la clasificación fueron algo más discretos. En carrera, Lance Stroll y el asturiano terminaron decimotercero y decimocuarto, en un resultado condicionado también por abandonos como el de Oscar Piastri.
No fue un fin de semana especialmente brillante en términos de resultado. Pero sí dejó una sensación distinta a la de otras carreras. El coche pareció llegar al circuito con una base de reglajes bastante acertada. Después hubo trabajo para optimizar el set-up, como ocurre siempre, pero el punto de partida era bueno. Y eso lleva inevitablemente al simulador.
Porque ese trabajo no lo hacen únicamente los pilotos titulares. Detrás hay pilotos de simulador, entre ellos Dani Juncadella y Mari Boya, además de un grupo de ingenieros cuyo trabajo consiste precisamente en conseguir que el coche virtual se parezca cada vez más al coche real. Ahí aparece otro detalle que ayuda a entender lo que está ocurriendo en Aston Martin.
FICHAJE DE GILES WOOD
Newey se incorporó al equipo en marzo de 2025. Apenas dos meses después, en mayo, Aston Martin anunció el fichaje de Giles Wood como director de simulación. Es difícil no relacionar ambos hechos.
Si se unen las fechas con las declaraciones que ha hecho ahora Newey, la secuencia parece bastante clara. El ingeniero británico llegó a una fábrica completamente nueva, detectó que una de las herramientas más importantes del equipo no estaba al nivel esperado y comenzó un proceso para reforzar ese departamento. El fichaje de Giles Wood encaja precisamente dentro de esa idea.
A partir de ahí empezó un trabajo que el propio Newey ya advirtió que no podía dar resultados inmediatos. Reescribir y validar las herramientas de simulación, conseguir que correlacionen correctamente con el coche real y hacerlas fiables lleva tiempo. No es algo que pueda resolverse en unas semanas.
También ayuda a entender otra cuestión. Todo ese proceso comenzó cuando Aston Martin ya trabajaba en el proyecto de 2026. Es decir, el equipo llegó tarde a corregir una de sus principales debilidades y eso explica, al menos en parte, por qué el desarrollo del nuevo monoplaza ha sido más complicado de lo esperado. Por eso Hungría puede ser una señal mucho más importante de lo que parece.
Ha pasado aproximadamente un año desde la llegada de Giles Wood. Tiempo suficiente para empezar a recoger los primeros resultados de ese trabajo. Y el hecho de que el coche arrancara el fin de semana con una configuración competitiva apunta precisamente en esa dirección. Que el nuevo paquete haya funcionado es una buena noticia. Que el simulador empiece a correlacionar mejor con el coche real probablemente lo sea todavía más. EL PRECEDENTE
No solo porque facilita el desarrollo. También porque cambia la confianza con la que trabaja un equipo. McLaren ofrece un precedente bastante claro. Después de varios años muy difíciles, comenzó 2023 con un coche muy lejos de donde esperaba. Sin embargo, a mitad de temporada introdujo un paquete de mejoras que transformó por completo su rendimiento. A partir de ahí pasó a convertirse en la referencia de la parrilla en desarrollo hasta volver a luchar por las victorias y los campeonatos.
Aquello coincidió con la entrada en funcionamiento de nuevas herramientas en la fábrica, entre ellas un nuevo túnel de viento y un nuevo simulador. El equipo empezó a confiar en lo que le decían esas herramientas y esa dinámica terminó reflejándose en la pista.
¿Puede Aston Martin recorrer el mismo camino? Es pronto para saberlo. El proyecto de 2026 dependerá de muchos factores y Honda será uno de ellos. Pero si el simulador ha dado realmente el paso adelante que dejó entrever Hungría, el equipo habrá solucionado uno de los problemas que el propio Adrian Newey identificó nada más llegar.

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